Efemérides

480 a. C. – En la isla griega de Salamina se libra la batalla de Salamina.

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La Batalla de Salamina. Wilhelm von Kaulbach. 1868

1518 – Nace Tintoretto (Jacopo Comin), pintor veneciano

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El Lavatorio. TIntoretto. 1549

1547 – Nace Miguel de Cervantes Saavedra, escritor español

1571 – Nace Michelangelo da Caravaggio, pintor barroco italiano

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Cena en Emaús. Caravaggio. 1601

1833 – Fallece Fernando VII (48), rey español

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Isabel II. Federico Madrazo

 

 

1833 – Empieza el reinado

en España de la reina Isabel II de

España.

 

 

 

 

 

 

Mafalda_torta

1864 – Nace Miguel de Unamuno, filósofo y escritor español

1864 – En Valladolid (España) se inaugura el Teatro Calderón.

1872 – en La Habana (Cuba) se inaugura el Cementerio de Colón.

1964 – En Argentina, la revista Primera Plana comienza a publicar una nueva tira cómica del humorista y dibujante Quino: Mafalda.

 

 

 

 

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Exposición Zuloaga

Como ya anunciamos en este blog se ha inaugurado en la Fundación Mapfre de Madrid una exposición sobre Zuloaga de la que podéis obtener más información en los siguiente enlaces:

https://elpais.com/cultura/2017/09/26/actualidad/1506438783_511271.html

http://www.abc.es/cultura/arte/abci-paris-bohemio-desmonta-leyenda-negra-zuloaga-201709270115_noticia.html

Fuente imagen: Wikimedia Commons

Efemérides

Colón
Monumento a Colón. Jerónimo Suñol. 1885. Madrid

1493 –  Cristóbal Colón comienza su segunda expedición a América.

1796 – Nace Antoine-Louis Barye, escultor francés

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Teseo y el Minotauro. Anotine-Louis Barye. 1840. Museo del Louvre

 

 

 

 

 

 

 

 

1810 – En la Iglesia Mayor de San Pedro y San Pablo (en San Fernando, Cádiz) se juran las Cortes de Cádiz.

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1964 – Nace Ainhoa Arteta, soprano española.

Las Hilanderas frente al espejo.

De nuevo la editorial h.f. ullmannn nos proporciona material para esta sección.

En este caso, el píe de foto es perfectamente correcto, pero a alguien en el proceso de edición se le ha pasado el pequeño detalle de poner una de las grandes joyas pictóricas de la humanidad en su posición correcta. La foto, como podéis comprobar, está “en espejo”.

VVAA., El Barroco, h.f. ullmann. 2007. Página 406

Una aproximación a Dadá

+Artículo publicado en la página web oficial de la UNEE (Unión Nacional de Escritores de España), febrero 2017.

     El pasado año se conmemoraba el centenario de la aparición de una extraña corriente cultural que se conoció con el nombre de Dadaísmo. Dicho centenario pasó con más pena que gloria y probablemente eso hubiera enorgullecido a sus creadores. Si tienen la amabilidad de seguir leyéndome, les explicaré el porqué.

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     El Dadaísmo fue un movimiento artístico, o más correctamente, intelectual, que se asocia a las vanguardias de principios de siglo. Quizás, el más peculiar de todos y el más radical, pues su objetivo fue desmitificar el arte y los artistas, hacerlos desaparecer, destruir “lo artístico”. No trataban de ser una alternativa, ni crear nada nuevo, tan solo renunciar al arte.

     Los orígenes del Dadaísmo se remontan a 1916, cuando en Zúrich, en el Cabaret Voltaire, un grupo de artistas exiliados de la Iª Guerra Mundial participan en una serie de reuniones, puestas en común y lo que hoy llamaríamos “performances”.

     En lo artístico, si es que es lícito dar ese enfoque al Dadaísmo, contraviniendo sus propios preceptos, había cierta tradición romántica en los aires de derrotismo, de desengaño, de melancolía. Había ciertas coincidencias con el futurismo, en cuanto a la destrucción y negación del pasado y del academicismo que debía servir como catarsis para el arte. Había un incipiente surrealismo. Había, en definitiva, como en todo movimiento artístico, influencias e inspiraciones que, por supuesto, eran a menudo negadas, pues si Dadá no es nada, nada podía haberlo llevado allí.

     En lo estrictamente histórico, podría pensarse que fueron los efectos de la Gran Guerra; (frustración, desengaño, impotencia…) los que generaron este resentimiento contra lo artístico y lo estético, contra, a fin de cuentas, la idea de plasmar la belleza pues quizás ni siquiera había una belleza que plasmar. Pero ya desde el siglo XIX el mundo artístico estaba sufriendo una serie de hechos que desembocarían en los cambios, más o menos drásticos, que traerían las vanguardias. Por ejemplo, se estaba dando una separación cada vez mayor entre el arte y la sociedad desde el empoderamiento de la burguesía. Por tanto, la Iª Guerra Mundial, pudo ser un empujón al movimiento dadaísta, pero en absoluto la única causa.

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Tristan Tzata. R. Delaunay. 1923. Centro Reina Sofía. Madrid.

     Dadá es y no es. Dadá, en palabras de su gran abanderado, Tristan Tzara, ya lo hemos dicho, no significa nada. Dadá es un artista sin obra, un arte sin objetos, una provocación, un desenmascaramiento de lo irreal de la religión, el arte, la belleza, la deificación del artista, es una denuncia directa a cómo cualquier cosa o gesto cobra valor, no por su calidad artística, intelectual o técnica, sino por la firma de su autor. Quizás, en este sentido, el ejemplo paradigmático sean los famosos “Ready-mades” de Marcel Duchamp. Valga como ejemplo aquel famoso urinario que firmado y expuesto se convirtió en un icono del arte del siglo XX.

     La forma de acabar con la farsa y la vacuidad del mercado artístico era el nihilismo, la destrucción, la negación de todo, incluido el arte. Y allí, en el Cabaret Voltarie, difundieron lo absurdo, lo irrisorio, ridiculizaron también lo moderno y vanguardista. Obviamente, con un programa que no proponía nada y negaba todo, el recorrido de aquel grupo fue corto, no fue más allá de los tres años. Pero, consecuentemente, para el Dadaismo esa perdurabilidad, o falta de ella, no tenía ninguna importancia. Pese a todo, Dadá tuvo importantes ecos en Nueva York, Berlín o Colonia.

El cauce de expresión de los dadaistas del Cabaret Voltaire, entre los que podríamos nombrar a Hugo Ball, Hans Arp o Marcel Juno, eran los manifiestos de Tristan Tzara, donde el nihilismo era el protagonista absoluto pero que, paradójicamente, se convertirían en paradigma de los manifiestos vanguardistas, creando casi un género literario propio, pues pese a lo complejo que puede resultar a priori comprender las motivaciones de un movimiento que dice no ser un movimiento ni tener motivaciones, estas quedaran expuestas de forma más que aceptable; “El mejor de los sistemas, es no tener ninguno”.  “Medida en la escala Eternidad, toda acción es vana”. “Dadá está en contra y a favor de la unidad”… son algunas de sus reveladores frases.

Fuente de las imágenes: Wikimedia Commons

El Arco de Triunfo. La palabra de un General

Artículo perteneciente a la sección Huellas de Cultura de la revista Letras de Parnaso nº52

“Vous rentrerez chez vous sous des arcs de triomphe”. Y Napoleón cumplió su promesa.

     Corría el año 1805 y sobre el horizonte de la Historia se asomaba la Batalla de Austerliz que daría al general corso gloria y poder. Genio del arte de la guerra, cuando la guerra todavía era un arte y las batallas se fraguaban en las mentes de inteligentes y preparados estrategas y no en las tripas insondables de un ordenador, Napoleón sabía motivar a sus tropas como nadie, era una de sus grandes virtudes. Volveréis a casa bajo arcos de triunfo, les prometió, y tras derrotar a rusos y austriacos, como un buen líder, se puso manos a la obra para cumplir su palabra.

     En 1806 comienza la construcción del Arco del Triunfo de París a cargo del arquitecto Jean Chalgrin. Inspirándose en el arco de Tito de Roma, crearía una construcción con los característicos aires clasicistas que imperaba en aquella época en Francia y gran parte del continente europeo. Sus características: Cincuenta metros de alto por cuarenta y cinco de ancho y veintidós de profundidad, con accesos de medio punto por sus cuatro lados, siendo de mayor desarrollo en los lados mayores, y ático de sección rectangular rematado en terraza. En su exterior, podemos leer los nombres de revolucionarios franceses y victorias de Napoleón, en el interior, los de 559 generales franceses, estando subrayados los nombres de aquellos que perecieron en combate.

     Pero, sin duda, lo más destacado desde el punto de vista artístico, son los cuatro altorrelieves que adosados al monumento hacen de este una auténtica alegoría del glorioso pasado militar francés. Estos son; Le Triomphe, La Résistance (Antoine Étex), La Paix (Antoine Étex) y Départ des volontaires (François Rude), este último también conocido como La Marsellaise.

     Bajo el monumento se encuentra la tumba al soldado desconocido, que data de la primera guerra mundial, con una llama perpetua que custodian asociaciones de antiguos combatientes.

     En el interior podemos hallar un pequeño museo acerca de la construcción del Arco y su historia que, lógicamente, teniendo el simbolismo que tiene ha sido el escenario de grandes acontecimientos entre los que cabría destacar el paso de los restos mortales de Napoleón, en 1840, que paradojicamente no vio acabado el Arco, o los desfiles militares de las dos guerras mundiales en 1919 y 1944.

     Incluso, si nos animamos a subir 286 escalones, podremos llegar al ático del arco y tener una interesante vista de la avenida de los Campos Elíseos, sobre la que se encuentra, y el Barrio de la Defensa.

     Por cierto, por aquello de no ser traidor, les haré una advertencia a mis querido viajeros (que no turistas). Usen los pasos subterráneos que hay para acceder a la base del arco, están en la considerada “rotonda más peligrosa del mundo”, la plaza Charles de Gaulle (antiguamente Place de l’Etoile), en ella confluyen, “solo”, doce de las avenidas más importantes de París. Parece obvia la advertencia, pero “Cosas veredes amigo Sancho…”

Au revoir et bonne vsite.