El Santo Sepulcro. Centro de la cristiandad.

Artículo perteneciente a la sección Huellas de Cultura de la revista Letras de Parnaso  nº56

El último palio se va perdiendo, meciéndose cadencioso al fondo de la calle, los redobles de tambor suenan como un eco lejano y el aroma a cera, incienso y azahar se va diluyendo dejando paso a otros olores, a otras sensaciones, más profanas y mundanas que preludian al estío. 

Con el recuerdo, tan vívido aún, de la Semana Santa en nuestros sentidos, el corazón nos lleva a buscar esos lugares emblemáticos en los que, seamos creyentes o no, una nueva religión se fue fraguando para convertirse en columna vertebral de la historia y, por otra parte, en esperanza, guía y razón de ser de más de 2.350 millones de almas a día de hoy.  

Según la tradición cristiana, Jesús de Nazaret fue condenado a la crucifixión en torno al año 33 de nuestra era. Dicha sentencia se hizo efectiva en el monte Gólgota, situado en las afueras de Jerusalén. Posteriormente, el cuerpo de Cristo fue descendido de la cruz y sepultado en un jardín cercano. Al tercer día, se produjo su resurrección de entre los muertos.  

Pasados unos cien años, el emperador Adriano en su empeño por hacer desaparecer la memoria judía y cristiana, construyó  sobre el lugar un impresionante templo dedicado a Venus Afrodita. Como es habitual en la historia, los tiempos cambiaron de signo y fue Constantino, en el 335, quién ordenó la destrucción de todos los templos paganos, saliendo así de nuevo a la luz la tumba sagrada en torno a la cual ordenó erigir la Basílica del Santo Sepulcro. La retahíla de acontecimientos históricos que van acaeciendo en la zona son innumerables; la invasión persa, la furia destructiva de Al Hakim, las cruzadas, la invasión de Saladino, el dominio turco,… Actualmente, y afortunadamente, de momento impera la cordura y los acuerdos entre las tres comunidades presentes en el lugar (Ortodoxa Griega, Ortodoxa Armenia y Católica) permiten que la Basílica sea un lugar conservado y protegido al que acuden millones de fieles desde todas partes del mundo . 

Arquitectónicamente la Basílica presenta el eclecticismo propio de aquellos lugares que han sufrido sucesivas destrucciones y restauraciones más o menos acertadas, si bien podríamos ubicar el aspecto general en el arte románico – bizantino. Llama la atención la gran cúpula sustentada por dos sucesivas arcadas, conformadas por alargados arcos de medio punto y potentes pilares. Pero sinceramente, no es el arte lo que se busca en este lugar.  

Probablemente ni siquiera seamos capaces de recordar ningún detalle de lo que nuestros ojos hayan podido percibir. Es el corazón y el cerebro, el alma si ustedes quieren, lo que se dispara en este recinto, lo que nos sobrecoge, lo que nos hace estremecernos de forma literal. No me canso de repetirlo, hay sensaciones que ni el más bendecido de los poetas, ni el más cultivado de los escritores, ni el más exquisito artista podrá reproducir jamás, y créanme, da igual si son creyentes o no, da igual si han entrado allí por fe, por curiosidad, o por simple morbo. Es probable que incluso lleguen a tener la sensación de que no están cómodos, de que el lugar “pesa” demasiado para un hombre, de que allí hay “algo” y que incluso no sabríamos decir si es bueno o malo, es eso que algunos estetas dieron en llamar lo Sublime. 

Allí se encuentra la piedra sobre la que fue ungido el cuerpo del Mesías. Allí se encuentra el lugar sobre el que se clavó la Cruz. Allí se encuentra el Sepulcro en el que se enterró al hombre y del que resucitó el Dios. 

Unos lo llamarán sugestión, otros imaginación, otros invento de unos cuantos para sacar dinero…Yo prefiero llamarlo FE. Una Fe, por cierto, tan válida y digna de respeto, como mínimo, como cualquier otra. 

¡Feliz Pascua!  

Fuente imagen: Wikimedia Commons.

Efemérides

1793 – En Francia se inaugura el denominado Museo Central de las Artes o Museo de la República, en la gran galería del palacio del Louvre.

1839 – En Francia se presenta el daguerrotipo, el primer paso hacia la fotografía.

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Fuente: Wikimedia Commons

1927 – En el monte Rushmore (Dakota del Sur) el escultor Gutzon Borglum y su hijo Lincoln comienzan a esculpir en la roca viva el monumento a los presidentes George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln.

 

1923 – Fallece Joaquín Sorolla, pintor español.

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Ayamonte. Sorolla. 1911 Fuente: Wikimedia Commons

1932 – En el Museo del Louvre (París) aparece rajada la obra El Ángelus de Millet.

1962 – En Cáceres (España) el conjunto urbano de Trujillo es declarado “ciudad monumental histórico-artístico”

Efemérides

1660 – Fallece Diego Velázquez, pintor español

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Vieja Friendo Huevos. Diego Velázquez. 1618. National Gallery of Scotland. (Fuente: Wikimedia Commons)

1666 – En París, Molière estrena su obra El médico a palos.

1928 – Nace Andy Warhol, artista estadounidense

1932 – Se inaugura la primera muestra de cine de Venecia

 

Abu Simbel. Un templo para la eternidad.

Artículo perteneciente a la sección Huellas de Cultura de la revista Letras de Parnaso  nº59

     Hemos pasado demasiado tiempo en este rincón sin volver a sentir la calidez de la arena egipcia. Demasiado tiempo sin dejarnos arrastrar por una tierra en la que el viaje en el tiempo se hace común. Demasiado tiempo sin beber el agua del Nilo, dicen que si bebes el agua del Nilo, ninguna otra agua podrá jamás calmar tu sed. Debe ser cierto, siempre necesito volver. ¿Se acuerdan de cuando visitamos las pirámides?, aquel viaje fue tan solo el segundo paso de un camino maravilloso que, afortunadamente, no tiene destino ni fecha de llegada.
Es muy probable que si hiciéramos una lista de “Lugares que deseo visitar de Egipto”, casi todos acertáramos en los dos primeros. Bien, el primero ya lo visitamos, por tanto el Templo Mayor de Abu Simbel nos espera.
En 1813 el historiador suizo Johann Ludwig Burckhardt se encontraba visitando el ya descubierto templo de Hathor – Nefertari o Templo Menor, cuando decidió alejarse unos metros, quizás por cuestiones muy humanas, cuando de repente encontró sobresaliendo en la arena un gigantesco rostro pétreo. Se trataba de uno de los colosos de la fachada del Templo. Dos años más tarde, Giovanni Belzonni lograría llegar hasta la puerta de acceso retirando toneladas de arena… y las que quedaban. Precisamente esa inmensa cantidad de arena que el viento y los años había acumulado contra la fachada permitió un excelente estado de conservación del interior, especialmente de sus pinturas que mostraban toda la vivacidad de su época de esplendor.
Abu Simbel es el nombre árabe con el que hoy se conoce la zona de la Baja Nubia en la que Ramsés II hizo construir sendos templos dedicados a su propia persona, la de su familia y diversas divinidades. Tenemos que recordar que para la cultura egipcia, la figura del faraón y los suyos, y los distintos dioses, se solapaban unos sobre otros, siendo habitual las representaciones de miembros de la realeza con atributos divinos o, a la inversa, dioses con rostros de personajes regios.
El Templo Mayor está dedicado a Ra-Horakhte, Ptah, Amon-Ra y el propio Ramses II divinizado. Es del tipo denominado hipogeo, es decir excavados en la roca. La fachada, en talud, tiene treinta metros de altura por treinta y cinco de anchura y en ella destacan los cuatro colosos en la característica postura sedente egipcia con las manos extendidas apoyadas sobre las piernas, presentan todos los atributos faraónicos y entre las piernas, a menor escala, figuras que representan a distintos familiares del rey. Esto es algo igualmente característico del arte egipcio, tanto en la escultura como en la pintura, la llamada Perspectiva Jerárquica, el personaje de mayor importancia, es el que presenta mayores medidas.
El pilono de acceso, sobre el que encontramos una pequeña escultura del dios solar Ra, da paso a una Sala Hipóstila que cumple la función de pronaos y que está conformada por ocho gigantescos pilares antropomorfos, los cuatro de la izquierda representando al faraón y los de la derecha a Osiris momificado. Por supuesto, nada es gratuito en la estatuaria y la arquitectura egipcia, y el levantar la vista para contemplar a los colosos nos hará encontrarnos con la hermosa decoración del techo en la que se representa a la diosa Nejbet con sus alas desplegadas. La siguiente sala, como mandan los cánones, reduce en mucho sus dimensiones y se sustenta sobre cuatro pilares. De aquí pasamos a la ya muy reducida sala de las ofrendas y finalmente, el sancta sanctórum dónde moran los dioses a los que se dedica el templo.
La realidad supera siempre a la ficción y en este templo, ¡construido en el siglo XIII a. C., recuérdenlo!, durante veinte días, dos veces al año, los rayos del amanecer penetran hasta el fondo del santuario iluminando las estatuas de los dioses. Esto ha variado un poco con el reciente cambio de ubicación del Templo, pero esa es otra historia que espero contarles muy pronto.

Fuente Imagen: Wikimedia Commons