Efemérides

1813 – Nace Giuseppe Verdi, compositor italiano.

1856 – En Madrid (España) se inaugura el Teatro de la Zarzuela.

1919 – En Viena, Richard Strauss estrena su ópera Die Frau ohne Schatten (La mujer sin sombra).

1935 – En Broadway se estrena la ópera de jazz Porgy & Bess, de George Gershwin, estreno absoluto el 30 de septiembre anterior en Boston.

1941 – En Estados Unidos se estrena la película Fantasía de Walt Disney

 

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FONTANA DE TREVI. La Fuente de los Deseos.

Artículo perteneciente a la sección Huellas de Cultura de la revista Letras de Parnaso nº51

     Volvemos de nuevo a la Ciudad Eterna. Siempre se vuelve cuando amas el arte y la historia, es inevitable. En esta ocasión, la visión fortuita del eterno fotograma de La Dolce Vita con Anita Ekberg, me ha sellado el billete para partir hacia la mayor fuente de Roma, la Fontana de Trevi.

     Todo se remonta a los tiempos de Agripa. Un grupo de sus soldados se hallaban en las afueras de la ciudad de las siete colinas, precisamente en busca de agua, cuando una joven muchacha (la Virgen, según quien nos cuente la historia) les mostró la “Aqua Virgo” o “Vergine” que se llevó hasta Roma mediante un acueducto. Esta es el agua que mana en forma de cascada entre las rocas de la “falsa naturaleza” de la Fontana.

    En 1732, mediante concurso, se le asigna a Nicola Salvi el proyecto para la fachada del palacio Poli, pues eso es en realidad nuestra fuente, la fachada de un palacio. Una fachada muy escenográfica en la que el Barroco se despliega en todo su esplendor, entremezclándose elementos propios del Rococó, como la decoración del nicho central, y un cierto retorno al clasicismo, patente en esa conexión de nuevo con la naturaleza de la que hemos hablado, que preludiaría el neoclasicismo decimonónico. No en vano, hay quien señala la Fontana de Trevi como el fin del barroco romano.

     La monumental fachada, en la que algunos han querido ver un trasunto del arco de Constantino, está conformada por tres calles, separadas por columnas gigantes de orden compuesto, que sirven de marco para ricas escenas alegórico-mitológicas. La calle central alberga una poderosa hornacina de cuarto de esfera que sirve para enmarcar la figura de Neptuno sobre una concha tirada por caballos marinos y tritones, obra de Pietro Bracci. A nuestra derecha, la personificación de la fuerza curativa, esa que tiene el agua corriente y que, en aquella época, no era nada habitual, de Filippo della Valle. Sobre ella, un alto relieve, de Andrea Bergondi, nos muestra ese momento comentado en el que una joven muestra el manantial a los soldados romanos. En la parte izquierda se repite estructura, una alegoría de la abundancia propiciada por esa agua, igualmente de Della Valle, y encima, el alto relieve de Giovanni Grossi que muestra a Agripa revisando los bocetos del acueducto.

     En cuanto a la famosa tradición de lanzar la moneda, es de esperar que aquellos lectores que estén viajando conmigo habitualmente sepan por donde van a ir mis tiros. Me temo que esta vez, discúlpenme, voy a defraudarles, pero vayamos por partes. Son varias las “versiones” del numerito de la moneda, la más extendida es que al lanzarla a la fuente nos aseguraremos el retorno a Roma, pero hay mas. Si son dos las que tiramos, amore, amore, encontraremos el amor con una italiana o italiano, atractivo en cualquier caso, faltaría más. Pero es que si queremos que la cosa acabe en boda digna de cuento de hadas, serán tres las que deberemos lanzar. Atrás quedo el mito, más romántico pero menos rentable, en el que estos efectos se conseguían según el número de sorbos de agua de la fuente. El caso es que, moneda a moneda, se extraen al año…en torno…a…¡un millón de euros!, usados para fines benéficos, eso dicen.

     Y yo debería decir que esto es cosa de turistas y no de viajeros, que no hagan el tonto y se gasten las monedas en un buen café italiano o en una birra, pero les contaré la experiencia de alguien muy cercano a mi, yo mismo. En mi primera visita a Roma, me ajusté al guion establecido y lance la monedita de turno, ¿saben?, volví. En ese segundo viaje, no visite la Fontana, pues preferí ver cosas que todavía no había visto y, obviamente, no hubo moneda, ¿saben?, no he vuelto. Y lo que es peor, la segunda persona más cercana a mi, ¡ha tenido la misma experiencia!. Así que por si acaso, por una vez y sin que sirva de precedente, hagan el turista y tiren la moneda.

Efemérides

1515 – Nace Lucas Cranach el Joven, pintor alemán.

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Sansón y Dalila. Lucas Cranach, el Joven.1537. 
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Tempestad en el Mar de Galilea. Rembrandt. 1633

 

1669 – Fallece Rembrandt, pintor neerlandés

 

1720 – Nace Giovanni Battista Piranesi, grabador italiano

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1814 – Nace Jean-François Millet, pintor francés

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Las Espigadoras. Millet. 1857

1953 – Nave Andreas Vollenweider, músico suizo.

 

El Panteón de Agripa. La morada de los Dioses.

Artículo perteneciente a la sección Huellas de Cultura de la revista Letras de Parnaso nº61

     La ciudad eterna de nuevo nos llama. No puede ser de otra forma. Cuando todavía existen lugares en los que la historia y el arte se dan la mano, se besan y apasionan en cada esquina, los viajeros nos vemos obligados a volver una y otra vez para seguir maravillándonos en los lugares que ya conocemos o en aquellos nuevos que siempre quedan por descubrir. Hoy les quiero llevar a otra joya inigualable de la urbe romana, aquel lugar del que el mismísimo Miguel Ángel dijo que su diseño parecía divino y no humano, el Panteón de Agripa. 

     Las lecciones comienzan ya antes de entrar al observar el frontón triangular de su fachada, pues la inscripción presente en este no debe llevarnos a equívocos; M·AGRIPPA·L·F·COS·TERTIVM·FECIT, es decir, “Marco Agripa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez, (lo) hizo”. Esta inscripción llevó durante muchos siglos a pensar que, efectivamente, el templo había sido construido en tiempos de Agripa, pero no es así. Investigaciones realizadas en el siglo XIX descubrieron que este templo data de la época de Adriano (aproximadamente un siglo después) y que el primitivo templo de Agripa, dedicado a todos los dioses (etimología de Panteón), había sido destruido durante los incendios del año 80 d.C. 

     Esta pronaos que sirve de vestíbulo al módulo circular principal es, en realidad, un pórtico de 16 columnas de capiteles corintios dispuestas en tres naves, la central, cubierta con bóveda, que da acceso al templo y más ancha que las laterales cubiertas con techumbre plana. Todo este pórtico se corona con un frontón triangular de clara influencia griega. 

     Se desconoce al autor de esta obra cumbre de la arquitectura antigua, aunque se señala con insistencia el nombre de Apolodoro de Damasco, del que se sabe que fue arquitecto de Trajano, por sus muestras de genialidad en otras obras contemporáneas. Pero pasemos al interior y dejemos que el asombro nos sobrecoja.  

     Si en nuestro viaje de la semana pasada veíamos la magnificencia del interior de Santa Sofía, el de este Panteón no es menos espectacular. Pasamos a un inmenso y diáfano recinto de planta circular, figura geométrica que representa el acogimiento ofrecido a todos los dioses, cerrado por una espectacular cúpula de 43’5 metros, los mismos que tiene la altura de la clave de dicha cúpula, esta conjunción de medidas le da al recinto una sensación espacial única. Además, el interior de la cúpula está decorada mediante casetones que decrecen en su tamaño conforme suben, lo que aumenta enormemente la sensación de perspectiva. Con el característico pragmatismo, propio del mundo romano, dichos casetones también cumplen la función de aligerar de cierto peso a la cúpula. No olvidemos que se trata de la mayor cúpula de hormigón de la historia. 

     Como coronación, la cúpula cuenta con un óculo abierto al exterior perfilado por una cornisa de bronce. Por si lo están pensando, no se preocupen, estos romanos no están locos, lo tienen todo pensado y por eso el pavimento del recinto es ligeramente convexo para que el agua de lluvia que pueda entrar por el óculo circule hacia una canalización que hay pegada al muro. Lo que si queda esparcido por el suelo, una vez al año, el día de Pentecostés, son los miles de pétalo de rosas rojas que se lanzan desde el óculo al interior del templo para conmemorar la llegada del Espíritu Santo a los apóstoles en forma de lenguas de fuego, ¿Se lo imaginan? Háganlo y díganme si no merece la pena sacarse un billete a Roma. 

¡Ya está bien!. Contra el no-Arte Contemporáneo.

     No me gusta, habitualmente, meterme en estos jardines porque sé que crean polémica y porque sé que a los catetos hartos de wikipedia les gusta hacerse los ofendidísimos cuando se abordan estas cuestiones para parecer más intelectuales, más chics, más esnobs y demás palabros de los que hasta ellos mismos desconocen su significado. Sus argumentos para defenderse son manidos, sobados, vacíos. Por tanto esos argumentos suelen derivar en el insulto y la ofensa y, francamente, todo eso me da mucha pereza.

Otro de los motivos es no darles más pábulo ni más publicidad a aquellos que es lo único que buscan, para lo único que sirven y lo único que pretenden . Por esta razón no daré aquí nombres de ninguno de estos farsantes (me niego a llamarles artistas). Creo que cualquiera que esté minimamente al tanto de las últimas noticias en el mundo del arte, intuirá rápidamente los casos a los que me refiero. Si no es así, no pasa nada, puede usted seguir leyendo pues he procurado ser suficientemente claro.

Señores farsantes, señores caraduras: Si no tienen ningún talento, si no tienen ningún don para el arte, si no tienen ninguna cualidad reseñable para poder vivir como artistas, no pasa nada, de verdad. Hay una amplísima variedad de trabajos y oficios a los que poder dedicarse. No es necesario que ustedes se inventen idioteces, que además bordean la ilegalidad, con el único fin de molestar y de armar escándalo para lograr sus cinco minutos de fama (la frase de Andy Warhol decía quince, pero me parecen demasiados para estos monigotes)

     Verán ustedes; azuzar perros unos contra otros, cabrearlos, ¡maltratarlos! a fin de cuentas, ¡no es arte!, filmar cerdos copulando, ¡no es arte!, ponerse en pelotas para que unas ¡niñas! te toquen, ¡no es arte!.
No me vengan preguntando “entonces según usted, ¿qué es arte?”, ese es un debate maravilloso, indigno de los ejemplos de basura que acabo de relatar. Tampoco se cansen con argumentos filosófico-conceptuales, que por cierto seguramente habrán elaborado otros y no el propio artista, me los sé casi todos, yo y la inmensa mayoría del público que repudia sus mamarrachadas. Aunque no se lo crean el decir aquello tan estúpido de “es que no lo entiendes”, no es ningún argumento válido para nada ni hace más inteligente a nadie, al contrario, demuestra una incapacidad manifiesta de expresarse y comunicarse, algo que se supone debe buscar de un modo u otro el artista.

No estoy en contra del arte contemporáneo. He defendido y defenderé la innovación, la búsqueda de nuevos materiales, soportes, técnicas, la originalidad, la sorpresa, lo nuevo…pero nada de eso está presente en las “cosas” que hacen muchísimos de los caraduras que pululan por galerías de arte, exposiciones y salones. No toda la culpa es suya, es cierto. Por arriba, unos más inteligentes que se quedan con la pasta sin riesgo alguno, por abajo, unos más tontos, que se aborregan y ponen la pasta para los primeros.
Permítanme a todos que les diga que son ustedes un insulto para el arte, incluido el arte contemporáneo al que ustedes mismos creen pertenecer. No sé si alguien se ofenderá, si es así, mala suerte. A mi me ofenden sus mamarrachadas y hoy, en vez de tragármelas, he decidido desahogarme aquí.

Tampoco estoy en contra de la libertad de cada uno para expresarse como quiera. Siempre habrá gente que pinta y pintores, gente que escribe y escritores, gente que baila y bailarines, gente que toca un instrumento y músicos… ¡afortunadamente!. Solo un par de detalles, su libertad termina donde empieza la mía y ofender a las personas amparándose en el arte en según que cosas, pongamos por ejemplo en sus creencias, es un ataque a la libertad y a la ética del público, o en el mejor de los casos un ataque que convierte en lícita cualquier respuesta proporcionada. En segundo lugar, no se autocorone usted con una corona que no le pertenece, no se diga a sí mismo artista, está usted insultando a cientos, a miles de artistas, gran parte de ellos anónimos, que de verdad lo son.

Un cordial saludo a mis lectores y a todos aquellos que, pasados sus cinco minutos en la red, serán olvidados por la historia tal y como merecen sus “obras”.