el ARTE y los VEHÍCULOS (y II)

LOS VEHÍCULOS COMO SOPORTE PARA EL ARTE. 

Pero la evolución de artilugio mecánico a obra de arte no se para ahí y va un paso más allá, convirtiéndose, no diré en un caso único, pero sí cuando menos curioso. El vehículo se transforma en soporte para el arte. 

En los últimos tiempos han aparecido dos movimientos artísticos (vamos a llamarlos así) que difieren solo en sus nombres y en el soporte empleado ya que en esencia son lo mismo; el tunning y el custom. En ambos casos, se trata de personalizar tu vehículo, coche o moto respectivamente, a base de modificaciones artísticas que engloban la pintura, la escultura, la electrónica o la mecánica. 

Me he referido a estos movimientos como artísticos puesto que la intención última de su creador es el impacto visual, impresionar incluso al tan denostado “espectador pasivo”, la intención es la estética. Hasta retrocediendo al concepto más primigenio de estética, aquel que estableció Baumgarten de: doctrina del conocimiento sensitivo, de las cosas percibidas en oposición a los hechos del entendimiento, las cosas cuadran. Tal vez no entendamos porque alguien gasta tiempo, dinero y esfuerzo en pintar y modificar el aspecto externo de su vehículo, en trucar sus motores en ocasiones solo para modificar el sonido del mismo, etc. Pero nuestros sentidos lo perciben, ¡vaya que si lo perciben!. Con ellos el autor, o autores, pretende lo que podía pretender cualquier mecenas o artista de épocas remotas, al menos una de sus pretensiones, poseer una obra, un “objeto” único y exclusivo con el que impresionar al resto de los mortales. 

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Fuente: Flickr.com

 

PERO…¿DE VERDAD SON BELLOS? 

Limitarnos a emplear el argumento de las últimas décadas del pasado siglo según el cual se decidió que cualquier cosa podía ser arte y que todo dependía del sujeto y no del objeto, sería, sin dejar de ser válido, demasiado fácil. Así que echemos mano de los que de verdad saben de esto para buscar una respuesta. 

Platón, aplicaría al concepto de belleza la misma teoría que aplicaría a todo. Existe una belleza abstracta, absoluta, plena, una belleza ideal y así, todo lo que nos parezca bello será una copia, una imitación (mímesis) nunca perfecta de dicha belleza. También opina que lo bello es un poder que ilumina las cosas, un baño de oro que han recibido algunos objetos y por tanto la belleza seria objetiva, no subjetiva. Indudablemente hay algunos vehículos que a la mayoría, nunca se puede generalizar pues de todo hay, nos parecen bellos. 

Aristóteles, alumno revoltosillo de Platón, se decanta más por creer que lo importante en una obra es el proceso creativo, el conocimiento previo para crear algo bello. No es precisamente de conocimientos de lo que carecen los ingenieros, dibujantes, informáticos y técnicos que pueblan hoy a decenas las divisiones de diseño de cualquier empresa automovilística. 

Tomás de Aquino se subió al carro de Platón: la belleza es aquello cuya contemplación agrada o place. 

Baumgarten une lo objetivo y lo subjetivo para dar con la belleza. Ésta tiene un componente subjetivo, el juicio que cada cual se cree respecto a la obra según sus ideas, conocimientos, predisposición, y un componente objetivo relacionado con el arte clásico, unas características de unidad, orden y simetría.   

Kant, en contra de las tendencias actuales, cree en el espectador pasivo, …no ha de tenerse el mínimo interés en la existencia de la cosa, se ha de estar en contemplación completamente indiferente. 

En conclusión, este mínimo recorrido por opiniones históricas sobre el arte y la belleza nos lleva a concluir que no hay ninguna conclusión y que, como trataba de evitar al principio del capítulo, todo depende de quién y cómo lo vea, y en el caso que nos ocupa, de qué vehículo concreto estemos hablando, no es lo mismo un Lamborghini que un Twingo, y redundando en el mismo concepto de subjetividad, ello no quiere decir que a muchos no les parezca más bello un Twingo. Citando a T. W. Adorno en su Teoría Estética, creo que podríamos dar por ¿cerrada? la discusión: ha llegado a ser obvio que ya no es obvio nada que tenga que ver con el arte. 

No obstante me gustaría dejar aquí un curioso paralelismo para la reflexión propia y ajena. Como  ya sabemos todos, las características de la belleza tan ansiada y buscada en el arte clásico eran las de; proporción, simetría y equilibrio. ¿Acaso no son esas condiciones indispensables para el correcto funcionamiento de cualquier tipo de vehículo?, ¿Será eso lo que los dota de esa aura de belleza?. 

EL COMPONENTE SICOLÓGICO. 

 

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Fuente: ABC.es

A lo largo del presente artículo, he tratado de equiparar a los vehículos con cualquier obra de arte “clásica”, sin embargo hay algo que los diferencia abismalmente. Este arte, ¡se puede usar!. Eso, para aquellos que defienden que el espectador se debe implicar en la obra para apreciarla correctamente, es una gran ventaja, ¿qué implicación mayor que ser tu mismo el que dirija y controle las reacciones y movimientos de la obra?. Pero por otro lado aporta un componente psicológico que hace que la atracción por la obra no se reduzca meramente a lo estético. En este mundo materialista en el que nos ha tocado vivir, para bien o para mal, las apariencias mandan mucho y el tener tal o cual vehículo puede significar bastante, aunque incluso el vehículo elegido no nos guste demasiado.  Me permitiré la licencia de aportar una experiencia personal para ilustrar esta idea. En cierta ocasión, un conocido de cuyo nombre no debo acordarme, me comentaba que quería comprarse un ¡buen! coche. Yo, por aquel entonces había adquirido un monovolumen y le comenté, puesto que él andaba con dos hermosos retoños por el mundo y su respectiva parafernalia de carros, carritos, bolsas, mochilas, etc.,  que porqué no se compraba uno así. Su respuesta fue espectacular…”es que el que quiere comprarse un buen coche no se compra un monovolumen”. Lo malo de esto es que seguro que cualquier hipotético lector tendrá algún conocido que bien podría haber dicho lo mismo. 

 

Además las características técnicas de cualquier vehículo que hoy podamos adquirir de potencia, velocidad, aceleración, en todos los casos muy por encima de las cualidades del conductor medio (aunque ellos no lo crean), hacen que sea mal empleado como un  desahogo, un instrumento con el que descargar nuestras frustraciones y carencias a golpe de volante y acelerador, “tendré otros problemas pero conduzco mejor que nadie, corro más que nadie y soy el rey de a carretera”. Eso, mal que les pueda pesar a algunos, hacen también atractivos ciertos vehículos para ciertas personas a las que no calificaré por aquello de conservar las formas. 

 LA ESTÉTICA MOTERA 

Fruto de la aparición de las motos, surgió una estética muy característica debido a la especial equipación que requiere la conducción de estos vehículos, algo que no se da en otros. Cascos, botas, cazadoras de cuero, guantes… A todos se nos viene a la mente al hablar de moteros, esos chicos malos fuera de la ley como los Ángeles del Infierno o los personajes de la serie televisiva Hijos de la Anarquía. Incluso situamos al personaje como un lobo solitario en busca de libertad, sin normas, algo dado a la mala vida (yo mejor diría poco saludable) y siempre dispuesto a meterse en bronca. Bueno, algo de eso hay, pero solo algo, muy poco a decir verdad. Pero ocurre, como en todo, que tomamos como cierto aquello que nuestros queridos televisores, y otros medios, nos ofrecen y resulta que las buenas acciones no venden, de ahí que a muchos, por desconocimiento, cuando oyen el rugido de una Harley se les encoja el estómago pensando que es el mismísimo satanás quien la conduce. 

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Fuente: Motorbike Magazine.

 PINTORES DE VEHÍCULOS 

A modo de colofón, expondré a continuación algunos ejemplos en los que el arte y los vehículos se dan la mano de forma inequívoca. 

Jesús Iradier: Con clara influencia del “pop-art”, Jesús Iradier ha hecho de los automóviles la temática principal de sus pinturas. 

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Carlos D. Pulido: Pintor hiperrealista. 

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 Jorge Pinto González 

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el ARTE y los VEHÍCULOS (I)

INTRODUCCIÓN 
A finales del siglo XVIII, la humanidad comenzó a vivir una de sus más profundas y trascendentales revoluciones solo equiparable a aquella sucedida “algunos” años atrás en la que nuestros antepasados fueron pasando del paleolítico al neolítico. Eso que la historiografía ha dado en llamar Revolución Industrial fue, por su trascendencia, mucho más de lo que su nombre denota. La industria “revolucionó” todo: la demografía, la planificación urbana, el comercio, la economía, la estructura social…y dos ámbitos que serán la materia del presente artículo: el transporte y el arte.
El primer arte en que aquella revolución material comenzó a dejar su impronta tenía que ser, por lógica, la más material y práctica de las artes: la arquitectura. Tan pronto comenzó ésta a sentir y disfrutar los efectos de la Revolución que fue, sin lugar a duda, una parte importante de ella pues las grandes fábricas, las estaciones o los nuevos edificios urbanos fueron a un tiempo causa y consecuencia de la misma. La necesidad de nuevas tipologías arquitectónicas que se adaptaran a las nuevas  circunstancias y, sobre todo, la aparición de materiales como el hierro fundido (que evolucionaría al acero), los cementos artificiales (que darían lugar al hormigón) o el vidrio, dieron pie a una auténtica revolución arquitectónica. Por supuesto, todos estos materiales ya existían con anterioridad, pero ahora su producción era masiva, se habían descubierto nuevas técnicas para trabajarlos mejor y, lo más importante, se habían abaratado los costes.

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Palacio de Cristal. Exposición de Londres. 1851. Joseph Paxton.

     Las cualidades del acero para trabajar a flexión y compresión a límites insospechados hasta entonces abrieron la posibilidad de crear espacios cerrados con una inmensa luz sin que ningún tipo de soporte fuera necesario y restara espacio útil. Las construcciones eran prácticas, baratas y ¡rápidas!. Un concepto sobre el que me detendré más adelante porque, pese a tanta maravilla, la Revolución Industrial, como todo progreso, también trajo consigo muchos y muy graves problemas y tal vez uno de los más sutiles y que con mayor sigilo se fue colando en nuestras vidas hasta hoy fue ése: la Revolución Industrial trajo  consigo la prisa.
Resultaría estéril relatar aquí cómo la Revolución Industrial fue influyendo en todos y cada uno de los ámbitos del Arte hasta nuestros días. Baste, como muestra significativa, nombrar una de las manifestaciones artísticas de las nuevas tendencias que requieren de maquinaria pesada para su realización, el Land art en el que el artista modifica el paisaje natural de forma deliberada.

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Spiral. Integración de Robert Smithson en el Gran Lago Salado.

LA APARICIÓN DE ESOS LOCOS CACHARROS 
Las ciudades crecían y el mundo tenía que menguar.
Los núcleos urbanos se veían rodeados, como si fueran murallas medievales, cada vez por más fábricas, más almacenes, más instalaciones industriales, más suburbios obreros, que paulatinamente se alejaban más y más del centro administrativo, financiero y social de la urbe. A su vez, esas fábricas requerían cada vez de una mayor cantidad y variedad de materias primas, más combustible, más medios para distribuir sus productos al exterior, más piezas y repuestos para su maquinaria que procedían de más fábricas, más medios para que obreros, técnicos, jefes…fueran y vinieran…”¡más madera, esto es la guerra!”. La revolución de los transportes estaba servida.
Pero para dar coherencia a esta breve historia de cómo aparecieron nuestros inseparables medios de transporte, conviene buscar un punto de partida.
Y ese punto bien podríamos situarlo a comienzos del siglo XVIII cuando Thomas Newcomen construye una máquina que transforma la fuerza del vapor en fuerza mecánica. Ya en 1769, James Watt mejoraría el invento añadiéndole más potencia y, la idea genial que cambiaría el mundo: Aplicando un sistema mecánico que transformaba el movimiento ascendente-descendente de un émbolo en el movimiento giratorio de una rueda.  El primer vehículo a vapor del que se tiene registro documental fue obra del francés Nicholas-Joseph Cugnot, un triciclo con ruedas de madera y 4 toneladas y media de peso. PSM_V12_D273_Cugnot_steam_engine

En 1860, se patenta el primer motor de explosión y pocos años después aparece el primer automóvil propulsado por un motor de combustión interna obra de Gottlieb Daimier  presentado en la Exposición Universal de París de 1867, había nacido una nueva industria y un nuevo mundo porque, pensémoslo, hay que ir a sitios muy “raros” para girar 360º y que nuestra vista no se tope con algún vehículo.
También el propio Daimier, y otros como Louis Perreaux, comenzaron a experimentar con la aplicación de motores a bicicletas siendo los padres de la motocicleta.
A finales del siglo XIX, en la llamada Segunda Revolución Industrial, se producen nuevas transformaciones en la industria, entre ellas transformaciones en la organización del trabajo. Una de ellas incluso tomará el nombre de un fabricante de automóviles, lo que da muestra de la rápida adquisición de importancia de este sector, el “fordismo”, que toma su nombre de Henry Ford que inició la producción en serie integrando todas las fases de elaboración de un producto mediante obreros especializados en una sola tarea. La industria del automóvil crecía imparable.

LOS VEHÍCULOS EN NUESTROS DÍAS Y SU RELACIÓN CON EL ARTE.
La industria de la automoción creció a un ritmo vertiginoso, al igual que los vehículos que proporcionaba aumentaban su velocidad, sus prestaciones, su tecnología… hasta llegar a nuestros días en que esos vehículos se han convertido en algo más que objetos mecánicos que facilitan, y en ocasiones complican, nuestras vidas. Son muchos los que pregonan que estamos en la Era de las Comunicaciones, no lo pongo en duda, pero tal vez sea demasiado pronto para hablar de una “Era”, sin embargo, de lo que no me cabe ninguna duda es de que hemos vivido y vivimos la “Era del Automóvil”. Hemos evolucionado y progresado gracias a los vehículos, toda clase de vehículos que han hecho crecer las ciudades, acortar las distancias, transportar mercancías y personas casi a cualquier parte del mundo. Coches, trenes, motos, aviones, barcos…incluso naves espaciales que nos han hecho ir más allá de nuestro planeta.  Y como no podía ser de otra manera, algo tan presente en nuestras vidas, irrumpió en la publicidad, en el cine, en la televisión…¡en el arte!.

1280px-Bond_Bmw_007     Solo tenemos que estar un rato ante el televisor cualquier día a cualquier hora para que cualquier automóvil aparque en nuestro salón mostrándonos sus “inigualables” cualidades a base de guiones, modelos y efectos especiales dignos de las mejores producciones de Hollywood. Y ¿qué decir del cine?; Marlon Brando en su Triumph Thunderbird 6T en Salvaje, Dennis Hopper en Easy Rider,  Susan Sarandon despendolada en un descapotable en Thelma y Louise, Cars, Transporter, ¿qué sería de 007 sin sus coches?, escribo de memoria…la lista sería interminable.

Llegados a este punto, se hace necesario hablar del Futurismo, un movimiento artístico creado en Italia, curiosamente cuna de las más prestigiosas marcas de automóviles, a comienzos del siglo XX. Impulsado por Filippo Tomasso Marinetti, para este movimiento la tecnología sería la que nos llevaría a romper con la tradición política y artística y era el medio para el triunfo del progreso sobre la naturaleza. Las manifestaciones de dicha tecnología, serían el maquinismo, el vértigo de la velocidad e incluso la guerra, ya que, desgraciadamente, no conviene olvidar que todo progreso lleva consigo sus inconvenientes y es obvio que los vehículos también fueron y son protagonistas indiscutibles de las guerras. Por otra parte, tampoco es menos cierto que cuando no existían vehículos de ninguna clase también andábamos por ahí matándonos tan ricamente.
Sin duda, los vehículos se han convertido en objetos de culto, en obras de arte en sí mismas. En el final del pasado siglo en el que se certificó tanto la muerte del arte (Danto), como la muerte del artista, y todo quedaba en manos de un nuevo espectador que debía acercarse al arte de una forma activa y no meramente contemplativa, se daban todos los ingredientes para que objetos aparentemente alejados de lo artístico como un coche o una moto, pasaran a ser objeto de coleccionismo, de tasas millonarias en subastas, de exposiciones, bien por el “fetichismo” de su antiguo poseedor, con un ejemplo paradigmático en el famoso Cadillac rosa de Elvis, por su historia,  o bien plenamente por su diseño, pongamos por ejemplo cualquier Ferrari.
Si una caja de detergente, las Brillo Box de Warhol, o el celebérrimo urinario de Duchamp se tenían en consideración como obras de arte, ¿qué impedía que lo fuera un vehículo?, nada.
Prueba de la importancia de la parte “artística” de cualquier vehículo, aunque sea un mero utilitario de precio razonable, es el notable incremento de los departamentos de diseño de cualquier marca. Solo en dicho departamento de la fábrica de SEAT en Martorell, trabajan un total de 120 personas, eso nos puede dar una idea de la importancia del arte aplicado al vehículo, de cómo es fundamental la estética de un vehículo a la hora de atraer a un futuro comprador.

(Continúa)

Fuente de todas las imágenes: Wikimedia Commons

Declaración de Intenciones. “Si no le gustan, tengo otras”.

     Creo que las presentaciones son fáciles, más si cabe en un diario de tan claro título. Me gusta el arte y por tanto la cultura, o viceversa. La definición de ambas palabras o incluso el plantearnos si acaso no son una misma cosa, es un tema interesante, pero no en esta tarjeta de presentación. De modo que he unido ambas palabras para dar un título no excesivamente original, lo sé,  a este diario (disculpen pero la palabra blog me repele un tanto, al igual que cualquier anglicismo si estoy escribiendo en la riquísima lengua castellana. Tiempo habrá de hablar de ello también).

Otra cosa que me gusta es comunicar mis conocimientos sobre la materia, aunque estos sean más bien escasos. No tomen esto como una falsa modestia, no lo es. Me considero bien preparado para iniciar esta aventura virtual y analizar, investigar, descubrir, mostrar, enseñar y, ¡ojalá! debatir, sobre los temas que surjan. Pero no soy sabio, ni pretendo serlo porque sé que nunca lo seré, ni yo, ni nadie. No hay nada más ridículo que esas grandes fuentes de sabiduría que pululan por la red, dioses del olimpo de las redes sociales, maestros del corta y pega facilón. Pero sigamos con la presentación.

¿Pretensiones? Informar, compartir, escribir sobre mi pasión y, afortunadamente, mi formación, que es y sigue siendo la historia del arte. Son muchas las cosas que se pueden enfocar desde el punto de vista “artístico”, (demostrar eso es precisamente una de mis pretensiones) así que trataré de que éste sea un diario variado. Biografías, obras, efemérides, libros, noticias…hay mucho de qué escribir. Igualmente utilizaré mi diario para recopilar artículos ya publicados en otros lugares, pudiendo así compartirlo con todos de nuevo y dando la oportunidad de que podamos comentarlo, corregirlo y aumentarlo entre todos. (Eso si consigo manejar bien este diario que apenas acabo de empezar a “trastear”)

Un saludo y mucho arte.