¡Qué tiempos aquellos!

En la vieja Florencia, nadie osaba llamarse pintor, eso era algo que se conseguía con el trabajo y el talento y suponía haber logrado el respeto de los demás.

En la vieja Florencia, ningún pintor osaba llamarse artista, eso era algo que se conseguía con el trabajo y el talento, y suponía haber logrado el respeto de los demás pintores.

En la vieja Florencia, ningún artista osaba llamarse maestro, eso era algo que se conseguía con el trabajo y el talento, y suponía haber logrado el respeto de los demás artistas.

Una frase vista en una red social, me ha llevado a recordar esta cita que creía haber leído hace algún tiempo. Solo he podido hallarla integra, sin descubrir su autor y ni siquiera puedo afirma que sea “auténtica”. En cualquier caso me ha parecido muy acertada para estos tiempos de autoproclamados y quería compartirla con vosotros.

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¡Ya está bien!. Contra el no-Arte Contemporáneo.

     No me gusta, habitualmente, meterme en estos jardines porque sé que crean polémica y porque sé que a los catetos hartos de wikipedia les gusta hacerse los ofendidísimos cuando se abordan estas cuestiones para parecer más intelectuales, más chics, más esnobs y demás palabros de los que hasta ellos mismos desconocen su significado. Sus argumentos para defenderse son manidos, sobados, vacíos. Por tanto esos argumentos suelen derivar en el insulto y la ofensa y, francamente, todo eso me da mucha pereza.

Otro de los motivos es no darles más pábulo ni más publicidad a aquellos que es lo único que buscan, para lo único que sirven y lo único que pretenden . Por esta razón no daré aquí nombres de ninguno de estos farsantes (me niego a llamarles artistas). Creo que cualquiera que esté minimamente al tanto de las últimas noticias en el mundo del arte, intuirá rápidamente los casos a los que me refiero. Si no es así, no pasa nada, puede usted seguir leyendo pues he procurado ser suficientemente claro.

Señores farsantes, señores caraduras: Si no tienen ningún talento, si no tienen ningún don para el arte, si no tienen ninguna cualidad reseñable para poder vivir como artistas, no pasa nada, de verdad. Hay una amplísima variedad de trabajos y oficios a los que poder dedicarse. No es necesario que ustedes se inventen idioteces, que además bordean la ilegalidad, con el único fin de molestar y de armar escándalo para lograr sus cinco minutos de fama (la frase de Andy Warhol decía quince, pero me parecen demasiados para estos monigotes)

     Verán ustedes; azuzar perros unos contra otros, cabrearlos, ¡maltratarlos! a fin de cuentas, ¡no es arte!, filmar cerdos copulando, ¡no es arte!, ponerse en pelotas para que unas ¡niñas! te toquen, ¡no es arte!.
No me vengan preguntando “entonces según usted, ¿qué es arte?”, ese es un debate maravilloso, indigno de los ejemplos de basura que acabo de relatar. Tampoco se cansen con argumentos filosófico-conceptuales, que por cierto seguramente habrán elaborado otros y no el propio artista, me los sé casi todos, yo y la inmensa mayoría del público que repudia sus mamarrachadas. Aunque no se lo crean el decir aquello tan estúpido de “es que no lo entiendes”, no es ningún argumento válido para nada ni hace más inteligente a nadie, al contrario, demuestra una incapacidad manifiesta de expresarse y comunicarse, algo que se supone debe buscar de un modo u otro el artista.

No estoy en contra del arte contemporáneo. He defendido y defenderé la innovación, la búsqueda de nuevos materiales, soportes, técnicas, la originalidad, la sorpresa, lo nuevo…pero nada de eso está presente en las “cosas” que hacen muchísimos de los caraduras que pululan por galerías de arte, exposiciones y salones. No toda la culpa es suya, es cierto. Por arriba, unos más inteligentes que se quedan con la pasta sin riesgo alguno, por abajo, unos más tontos, que se aborregan y ponen la pasta para los primeros.
Permítanme a todos que les diga que son ustedes un insulto para el arte, incluido el arte contemporáneo al que ustedes mismos creen pertenecer. No sé si alguien se ofenderá, si es así, mala suerte. A mi me ofenden sus mamarrachadas y hoy, en vez de tragármelas, he decidido desahogarme aquí.

Tampoco estoy en contra de la libertad de cada uno para expresarse como quiera. Siempre habrá gente que pinta y pintores, gente que escribe y escritores, gente que baila y bailarines, gente que toca un instrumento y músicos… ¡afortunadamente!. Solo un par de detalles, su libertad termina donde empieza la mía y ofender a las personas amparándose en el arte en según que cosas, pongamos por ejemplo en sus creencias, es un ataque a la libertad y a la ética del público, o en el mejor de los casos un ataque que convierte en lícita cualquier respuesta proporcionada. En segundo lugar, no se autocorone usted con una corona que no le pertenece, no se diga a sí mismo artista, está usted insultando a cientos, a miles de artistas, gran parte de ellos anónimos, que de verdad lo son.

Un cordial saludo a mis lectores y a todos aquellos que, pasados sus cinco minutos en la red, serán olvidados por la historia tal y como merecen sus “obras”.

El Lenguaje y el Arte.

     En estos tiempos que corren, ¡y vaya cómo corren!, parece que el entretenerse en buscar las palabras adecuadas es eso, un entretenimiento, cuando no una pérdida de tiempo propia de redichos y pedantes. Una lástima, porque si hay algo que cohesione a una sociedad, y si me apuran a la humanidad, es precisamente la comunicación. Para que la comunicación tenga efecto requerimos de un lenguaje y este, a su vez, se estructura con palabras que tienen un significado. Este significado de las palabras es uno concreto, en ocasiones varios, pero nunca significan (o nunca deberían significar) lo que al emisor de turno le venga en gana, le parezca oportuno, o como suele ser habitual, lo que el crea que significa. Sé que una buena proporción de mis hipotéticos lectores tienen el feo vicio de escribir por placer, así que sé que sabrán entenderme.

     Este sitio tiene la pretensión, entre otras, de hablar de una forma más o menos sería y correcta del mundo del arte. ¿Qué les parecería si dijera en él que la Basílica de San Pedro es linda, o qué La Primavera de Botticelli es agraciada, o que el David de Miguel Ángel tiene cierta proporción y simetría? . Por supuesto que no estaría cometiendo ninguna incorrección, pero desde luego no estaría empleando los adjetivos más apropiados a todo lo que representan dichas obras de arte. Bien, estos términos que he empleado en el ejemplo anterior no son casuales, son justamente los que emplea la RAE en su definición del adjetivo bonito: “lindo, agraciado, de cierta proporción y simetría”.

     Este es el adjetivo que se empleó en una página web para hacer una especie de encuesta en la que se decidía cuál era la catedral más bonita. Creo que incluso es irrelevante cual fue la vencedora en semejante chorrada. Todos en general, pero especialmente los medios de comunicación, precisamente por ser de comunicación, deberíamos poner un poco más de precisión, solo un poco, en el lenguaje que empleamos. Una catedral puede ser muchas cosas, se puede definir con muchos adjetivos e incluso podemos intentar el titánico esfuerzo intelectual de emplear más de un adjetivo para describirla, pero “¿bonita?”.

Miren por donde al ver aquella noticia recordé algo que ha sido lo que me ha impulsado a escribir estas letras, les cuento. Cuando yo no era más que un recién llegado al mundo de la Historia del Arte, tuve la suerte de tener un excelente profesor que en una de sus primeras lecciones nos aconsejó a todos los presentes que nos olvidáramos, precisamente, de la palabra “bonito” a la hora de describir una obra, “San Pedro no es bonito, La Primavera no es bonita, el David no es bonito. Serán muchas cosas, pero para nosotros, “bonito”, no”, esas fueron sus palabras y hoy las he comprendido a la perfección.

La única parte buena es que quizás gracias a esa encuesta alguien se habrá interesado en conocer un poco más alguna de las catedrales que se disputaban “tan grande honor”. El listón está tan bajo que …