Efemérides

1748 – Nace Jacques-Louis David, pintor francés

Jacques-Louis_David,_Le_Serment_des_Horaces
El Juramento de los Horacios. 1784. Museo del Louvre. Fuente: Wikimedia Commons

 

1797 – Nace Mary Shelley, escritora londinense autora de Frankenstein.

Anuncios

Efemérides

1576 – Fallece Tiziano, pintor italiano.

Tiziano_-_Amor_Sacro_y_Amor_Profano_(Galería_Borghese,_Roma,_1514)
Amor Sagrado y Amor Profano. Tiziano. 1515. Galería Borghese. Roma. Fuente: Wikimedia Commons

1611 – Fallece Tomás Luis de Victoria, músico, compositor y maestro de capilla español.

1635 – Fallece Félix Lope de Vega y Carpio, escritor español.

1664 – Fallece Francisco de Zurbarán, pintor español.

Bodegón_de_recipientes_(Zurbarán)
Bodegón con Cacharros. Zurbarán. 1633. Museo del Prado. Madrid. Fuente: Wikimedia Commons
14234939376_9ddc552fe2_b
Fuente: Flickr

1858 – En la localidad toledana de Guarrazar (España) es hallado el segundo tesoro visigodo. (El primero había sido localizado por una lugareña dos días antes).

1890 – Nace Man Ray, artista estadounidense

1910 – En Estados Unidos, Thomas Edison lleva a cabo la primera demostración del quinetoscopio, un cinematógrafo con sonido.

 

Casino de Murcia . La Calle de los Sueños

Artículo perteneciente a la sección Huellas de Cultura de la revista Letras de Parnaso nº 53 y 54.

Despierto del sueño de la calle en un patio neonazarí recubierto con miles de láminas de pan de oro que, sin duda, evoca al gran Palacio de la Alhambra, alzo la vista y contemplo una estrella de hierro y cristales coloreados…allá…arriba…arriba. 

He entrado con mi curiosidad, la fachada de la calla Trapería, de Pedro Cerdán Martínez, me ha llamado, me ha invitado…”para…pasa…sueña”. A ambos lados, dos enormes ventanales a los que el pueblo ha llamado Peceras, y tras ellos gente que hojean la prensa y debaten como suspendidos en un mundo de silencio y tranquilidad, ajenos al bullicio de la calle en un marco arquitectónico de ensueño. Sigo. 

Una impoluta calle de mármol, cubierta por una techumbre acristalada, se abre ante mí. La recorro despacio, pisando sin querer pisar. Dos imponentes arcadas  pretenden encontrarse en el infinito. A mi izquierda se abre una puerta por la que no podemos evitar entrar los dos, mi curiosidad y yo.  

Más de 20.000 volúmenes me sorprenden entre maderas, llevan allí un siglo, quizás más, ¿de dónde vinieron?, ¿quién los creó?, ¿a quiénes revelaron los secretos de sus páginas?, la llaman la Biblioteca Inglesa por la nacionalidad de sus creadores y cuenta con una tribuna superior de maderas talladas que sostienen unos flamencos de fundición a modo de ménsulas. Huele a madera, a libro antiguo, a silencio…huele a sueño. Salgo de ese recinto sagrado y cruzo la calle, sin miedo, sin prisa. 

Estoy en el Congresillo, decorado con sedas y maderas y con importantes pinturas de finales del XIX y principios del XX de estilo romántico. Allí todavía me parece oír el eco de las voces de los hombres más influyentes de la sociedad murciana de antaño, discutiendo y tomando decisiones que harían historia. Entre las voces, un susurro femenino, es “La Modelo” que desde la pared me pide que atraviese la puerta que tengo frente a mi, si hubiera conocido su historia, tal vez no le habría hecho caso. 

Un imponente salón neobarroco se abre ante mi, la vista no sabe a donde dirigirse y yo tampoco. Me quedo quieto, rígido, no quiero estorbar en el vals cadencioso que las parejas, a las que casi puedo ver, vestidas de época bailan ajenas a mi visita. Alzo la vista una vez más, un inmenso lienzo cubre casi todo el techo con alegorías de las artes, paisajes exóticos y una arquitectura fingida. En las esquinas, envueltas en medallones las efigies de cuatro murcianos ilustres; Julián Romea, Francisco Salzillo, Nicolás Villacis y José Moñiño, más conocido como Conde de Floridablanca. Se descuelgan desde ese bucólico paisaje cinco enormes lámparas de bronce y cristal que iban destinadas al palacio del emperador Maximiliano I de México, las primeras que funcionaron con luz eléctrica en la ciudad. Espejos de molduras imposibles, cornucopias, bajorrelieves, motivos vegetales que se retuercen sobre sí mismos llenándolo todo, conforman las paredes de este salón digno de cualquier palacio real. Los músicos están arriba en sendos balconcillos y en una serie de bancadas adosadas al muro un grupo de señoras vigilan que los pretendientes de sus hijas no vayan  más allá de lo debido en la evolución del baile. Un grupo de ellas me miran y cuchichean…no es posible, sé que no están ahí, pero me invade una cierta inquietud y decido salir de allí. IMG_6113

Tras pasar por una sala, a modo de distribuidor,  salgo al llamado Patio Pompeyano. Sus columnas jónicas que evocan a la más pura arquitectura clásica y las esculturas allí presentes, justifican de sobra el nombre del lugar: “Danae” y “La Amazona” de Policleto, la maravillosa “Venus” de José Planes y “Mujer” de Antonio Campillo. Las primeras son copias recibidas de los Museos Vaticanos y la “Venus” fue premio Nacional de Escultura en 1920.  

Saliendo de allí, me encontré de nuevo en la galería en forma de “L” que estructura la planta del edificio para entrar en el Tocador de Señoras. No, no me malinterpreten, por favor. Es cierto que fue el aseo de señoras en otros tiempos más gloriosos, pero actualmente, además del nombre, tan solo mantiene de aquella función los juegos de plata del tocador. Por lo demás, se trata de una sala decorada con gran lujo, valga como ejemplo las pantallas de los apliques que fueron bordadas en los afamados talleres de Lorca, en hilo de oro. La decoración del techo, no excesivamente brillante a mi modesto entender, es obra de José Marín Baldo, y representa una alegoría de la noche con la diosa Selene como protagonista, cuyo rostro presenta la particularidad de producir un curioso efecto óptico, la diosa parece perseguir con su mirada al visitante a cualquier rincón del aposento.  Me inquieta que me sigan. Así que decido visitar la siguiente sala. 

Se trata del Salón de Armas, lugar que fue, entre otras nobles funciones, sala de esgrima y sala de ajedrez. Es curioso, dicen que los lugares mantienen de alguna forma desconocida, una cierta esencia de lo que en ellos sucedió con más frecuencia. Mi mente racional no acaba de verlo muy claro, pero…sí, se respira una cierta elegancia en este lugar, un cierto savoir faire de los que un día pasaron allí sus ratos de ocio, en un tiempo en el que ocio no era sinónimo de gritos, borracheras y petardos. Aunque supongo que no todo está en el tiempo y que algo habrá de educación y clase. Discúlpenme, otra vez me estoy  yendo por las ramas. El salón cuenta con un lucernario que permite la entrada de luz natural al recinto. Cuenta como decoración con diversos lienzos, todos del siglo XIX, pero son de destacar las alegorías de gran tamaño, de Obdulio Miralles, de las Cuatro Estaciones. 

Cruzando la “calle”, una vez más, buscando descubrir cosas nuevas sin descanso, como si de un niño en una mansión encantada se tratase, entro en el Salón de Té. Una sala que, de nuevo, rebosa elegancia. El espectacular techo de escayola, recuperado recientemente en unas obras de rehabilitación, nos hace alzar la mirada nada más entrar, dirigiéndola luego hacia las lamparas o las columnas pareadas que estructuran el local de forma más fingida que real en una solución práctica y efectista. 

Tras pasar por el Patio Azul, llego a la Sala de Billar. Una sala estudiada al milímetro para la práctica de este juego. El mobiliario está dotado de la altura justa, no solo las mesas de billar, eso es obvio, sino que los bancos están sobreelevados para permitir una correcta observación del juego. Las lámparas, de tres cuerpos, además de orientables, para minimizar las sombras, están calefactadas para que la temperatura sea óptima, en fin, el sueño de cualquier sibarita de este deporte. 

Llegamos al final. Hay más salas, más lugares, algunos ya un poco más apartados del turista, tendrá que ser usted viajero para acceder a ellos. Pero como siempre les digo, estas palabras que usted lee son muy pobres, vaya y disfrute. 

 

Efemérides

1811 – Fallece Juan de Villanueva, arquitecto español

Museo_del_Prado_(Madrid)_20
Fachada de Goya, Museo del Prado, proyecto de Juan de Villanueva. Fuente: Wikimedia Commons

1862 – Nace Claude Debussy, compositor francés.

1908 – Nace Henri Cartier-Bresson, fotógrafo francés

2004 – En el Museo Munch de Oslo (Noruega), dos cuadros del expresionista Edvard Munch, El grito y Madonna, son robados a plena luz del día y a mano armada.

el ARTE y los VEHÍCULOS (y II)

LOS VEHÍCULOS COMO SOPORTE PARA EL ARTE. 

Pero la evolución de artilugio mecánico a obra de arte no se para ahí y va un paso más allá, convirtiéndose, no diré en un caso único, pero sí cuando menos curioso. El vehículo se transforma en soporte para el arte. 

En los últimos tiempos han aparecido dos movimientos artísticos (vamos a llamarlos así) que difieren solo en sus nombres y en el soporte empleado ya que en esencia son lo mismo; el tunning y el custom. En ambos casos, se trata de personalizar tu vehículo, coche o moto respectivamente, a base de modificaciones artísticas que engloban la pintura, la escultura, la electrónica o la mecánica. 

Me he referido a estos movimientos como artísticos puesto que la intención última de su creador es el impacto visual, impresionar incluso al tan denostado “espectador pasivo”, la intención es la estética. Hasta retrocediendo al concepto más primigenio de estética, aquel que estableció Baumgarten de: doctrina del conocimiento sensitivo, de las cosas percibidas en oposición a los hechos del entendimiento, las cosas cuadran. Tal vez no entendamos porque alguien gasta tiempo, dinero y esfuerzo en pintar y modificar el aspecto externo de su vehículo, en trucar sus motores en ocasiones solo para modificar el sonido del mismo, etc. Pero nuestros sentidos lo perciben, ¡vaya que si lo perciben!. Con ellos el autor, o autores, pretende lo que podía pretender cualquier mecenas o artista de épocas remotas, al menos una de sus pretensiones, poseer una obra, un “objeto” único y exclusivo con el que impresionar al resto de los mortales. 

4632134325_84f71bf0bc_b
Fuente: Flickr.com

 

PERO…¿DE VERDAD SON BELLOS? 

Limitarnos a emplear el argumento de las últimas décadas del pasado siglo según el cual se decidió que cualquier cosa podía ser arte y que todo dependía del sujeto y no del objeto, sería, sin dejar de ser válido, demasiado fácil. Así que echemos mano de los que de verdad saben de esto para buscar una respuesta. 

Platón, aplicaría al concepto de belleza la misma teoría que aplicaría a todo. Existe una belleza abstracta, absoluta, plena, una belleza ideal y así, todo lo que nos parezca bello será una copia, una imitación (mímesis) nunca perfecta de dicha belleza. También opina que lo bello es un poder que ilumina las cosas, un baño de oro que han recibido algunos objetos y por tanto la belleza seria objetiva, no subjetiva. Indudablemente hay algunos vehículos que a la mayoría, nunca se puede generalizar pues de todo hay, nos parecen bellos. 

Aristóteles, alumno revoltosillo de Platón, se decanta más por creer que lo importante en una obra es el proceso creativo, el conocimiento previo para crear algo bello. No es precisamente de conocimientos de lo que carecen los ingenieros, dibujantes, informáticos y técnicos que pueblan hoy a decenas las divisiones de diseño de cualquier empresa automovilística. 

Tomás de Aquino se subió al carro de Platón: la belleza es aquello cuya contemplación agrada o place. 

Baumgarten une lo objetivo y lo subjetivo para dar con la belleza. Ésta tiene un componente subjetivo, el juicio que cada cual se cree respecto a la obra según sus ideas, conocimientos, predisposición, y un componente objetivo relacionado con el arte clásico, unas características de unidad, orden y simetría.   

Kant, en contra de las tendencias actuales, cree en el espectador pasivo, …no ha de tenerse el mínimo interés en la existencia de la cosa, se ha de estar en contemplación completamente indiferente. 

En conclusión, este mínimo recorrido por opiniones históricas sobre el arte y la belleza nos lleva a concluir que no hay ninguna conclusión y que, como trataba de evitar al principio del capítulo, todo depende de quién y cómo lo vea, y en el caso que nos ocupa, de qué vehículo concreto estemos hablando, no es lo mismo un Lamborghini que un Twingo, y redundando en el mismo concepto de subjetividad, ello no quiere decir que a muchos no les parezca más bello un Twingo. Citando a T. W. Adorno en su Teoría Estética, creo que podríamos dar por ¿cerrada? la discusión: ha llegado a ser obvio que ya no es obvio nada que tenga que ver con el arte. 

No obstante me gustaría dejar aquí un curioso paralelismo para la reflexión propia y ajena. Como  ya sabemos todos, las características de la belleza tan ansiada y buscada en el arte clásico eran las de; proporción, simetría y equilibrio. ¿Acaso no son esas condiciones indispensables para el correcto funcionamiento de cualquier tipo de vehículo?, ¿Será eso lo que los dota de esa aura de belleza?. 

EL COMPONENTE SICOLÓGICO. 

 

enfadado-al-volante-kqk--620x349@abc
Fuente: ABC.es

A lo largo del presente artículo, he tratado de equiparar a los vehículos con cualquier obra de arte “clásica”, sin embargo hay algo que los diferencia abismalmente. Este arte, ¡se puede usar!. Eso, para aquellos que defienden que el espectador se debe implicar en la obra para apreciarla correctamente, es una gran ventaja, ¿qué implicación mayor que ser tu mismo el que dirija y controle las reacciones y movimientos de la obra?. Pero por otro lado aporta un componente psicológico que hace que la atracción por la obra no se reduzca meramente a lo estético. En este mundo materialista en el que nos ha tocado vivir, para bien o para mal, las apariencias mandan mucho y el tener tal o cual vehículo puede significar bastante, aunque incluso el vehículo elegido no nos guste demasiado.  Me permitiré la licencia de aportar una experiencia personal para ilustrar esta idea. En cierta ocasión, un conocido de cuyo nombre no debo acordarme, me comentaba que quería comprarse un ¡buen! coche. Yo, por aquel entonces había adquirido un monovolumen y le comenté, puesto que él andaba con dos hermosos retoños por el mundo y su respectiva parafernalia de carros, carritos, bolsas, mochilas, etc.,  que porqué no se compraba uno así. Su respuesta fue espectacular…”es que el que quiere comprarse un buen coche no se compra un monovolumen”. Lo malo de esto es que seguro que cualquier hipotético lector tendrá algún conocido que bien podría haber dicho lo mismo. 

 

Además las características técnicas de cualquier vehículo que hoy podamos adquirir de potencia, velocidad, aceleración, en todos los casos muy por encima de las cualidades del conductor medio (aunque ellos no lo crean), hacen que sea mal empleado como un  desahogo, un instrumento con el que descargar nuestras frustraciones y carencias a golpe de volante y acelerador, “tendré otros problemas pero conduzco mejor que nadie, corro más que nadie y soy el rey de a carretera”. Eso, mal que les pueda pesar a algunos, hacen también atractivos ciertos vehículos para ciertas personas a las que no calificaré por aquello de conservar las formas. 

 LA ESTÉTICA MOTERA 

Fruto de la aparición de las motos, surgió una estética muy característica debido a la especial equipación que requiere la conducción de estos vehículos, algo que no se da en otros. Cascos, botas, cazadoras de cuero, guantes… A todos se nos viene a la mente al hablar de moteros, esos chicos malos fuera de la ley como los Ángeles del Infierno o los personajes de la serie televisiva Hijos de la Anarquía. Incluso situamos al personaje como un lobo solitario en busca de libertad, sin normas, algo dado a la mala vida (yo mejor diría poco saludable) y siempre dispuesto a meterse en bronca. Bueno, algo de eso hay, pero solo algo, muy poco a decir verdad. Pero ocurre, como en todo, que tomamos como cierto aquello que nuestros queridos televisores, y otros medios, nos ofrecen y resulta que las buenas acciones no venden, de ahí que a muchos, por desconocimiento, cuando oyen el rugido de una Harley se les encoja el estómago pensando que es el mismísimo satanás quien la conduce. 

Moteros-PP-2-1100x470
Fuente: Motorbike Magazine.

 PINTORES DE VEHÍCULOS 

A modo de colofón, expondré a continuación algunos ejemplos en los que el arte y los vehículos se dan la mano de forma inequívoca. 

Jesús Iradier: Con clara influencia del “pop-art”, Jesús Iradier ha hecho de los automóviles la temática principal de sus pinturas. 

cuadro-pintado-jesus-iradier-coche-Bugatti-4

 

cuadro-pintado-jesus-iradier-coche-Mercedes

 

Carlos D. Pulido: Pintor hiperrealista. 

26

0fbb27fa9adac9c54408e8a48f3c0b5e

 Jorge Pinto González 

coche negro-cubano-internet

coche-cubano