El Lenguaje y el Arte.

     En estos tiempos que corren, ¡y vaya cómo corren!, parece que el entretenerse en buscar las palabras adecuadas es eso, un entretenimiento, cuando no una pérdida de tiempo propia de redichos y pedantes. Una lástima, porque si hay algo que cohesione a una sociedad, y si me apuran a la humanidad, es precisamente la comunicación. Para que la comunicación tenga efecto requerimos de un lenguaje y este, a su vez, se estructura con palabras que tienen un significado. Este significado de las palabras es uno concreto, en ocasiones varios, pero nunca significan (o nunca deberían significar) lo que al emisor de turno le venga en gana, le parezca oportuno, o como suele ser habitual, lo que el crea que significa. Sé que una buena proporción de mis hipotéticos lectores tienen el feo vicio de escribir por placer, así que sé que sabrán entenderme.

     Este sitio tiene la pretensión, entre otras, de hablar de una forma más o menos sería y correcta del mundo del arte. ¿Qué les parecería si dijera en él que la Basílica de San Pedro es linda, o qué La Primavera de Botticelli es agraciada, o que el David de Miguel Ángel tiene cierta proporción y simetría? . Por supuesto que no estaría cometiendo ninguna incorrección, pero desde luego no estaría empleando los adjetivos más apropiados a todo lo que representan dichas obras de arte. Bien, estos términos que he empleado en el ejemplo anterior no son casuales, son justamente los que emplea la RAE en su definición del adjetivo bonito: “lindo, agraciado, de cierta proporción y simetría”.

     Este es el adjetivo que se empleó en una página web para hacer una especie de encuesta en la que se decidía cuál era la catedral más bonita. Creo que incluso es irrelevante cual fue la vencedora en semejante chorrada. Todos en general, pero especialmente los medios de comunicación, precisamente por ser de comunicación, deberíamos poner un poco más de precisión, solo un poco, en el lenguaje que empleamos. Una catedral puede ser muchas cosas, se puede definir con muchos adjetivos e incluso podemos intentar el titánico esfuerzo intelectual de emplear más de un adjetivo para describirla, pero “¿bonita?”.

Miren por donde al ver aquella noticia recordé algo que ha sido lo que me ha impulsado a escribir estas letras, les cuento. Cuando yo no era más que un recién llegado al mundo de la Historia del Arte, tuve la suerte de tener un excelente profesor que en una de sus primeras lecciones nos aconsejó a todos los presentes que nos olvidáramos, precisamente, de la palabra “bonito” a la hora de describir una obra, “San Pedro no es bonito, La Primavera no es bonita, el David no es bonito. Serán muchas cosas, pero para nosotros, “bonito”, no”, esas fueron sus palabras y hoy las he comprendido a la perfección.

La única parte buena es que quizás gracias a esa encuesta alguien se habrá interesado en conocer un poco más alguna de las catedrales que se disputaban “tan grande honor”. El listón está tan bajo que …

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Autor: culturarte73

Gustador y degustador de los logros artísticos de la humanidad. Creo que compartir el saber es la mejor forma de aprender y que nunca se sabe todo de nada, afortunadamente.

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